¿Qué ver en Oslo en dos días?

CENTRO DE OSLO

Plantear la pregunta ¿qué ver en Oslo en dos días? no lleva de forma implícita que dos días sean suficientes para cubrir todos los puntos de interés de la ciudad. Tan solo que la capital de Noruega fue una pequeña escala, de dos días precisamente, que hice antes de volar a Alesund para recorrer los fiordos noruegos.

Aunque la ciudad tiene un tamaño manejable, los dos días que pasé en ella se me hicieron cortos para recorrer todos los sitios que me hubiera gustado, que son muchos y variados. De hecho, me fui sin contemplar la obra maestra de la pintura expresionista El grito, de Edvard Munch, más por falta de tiempo que de interés.

ESTACIÓN CENTRAL

Elegí para alojarme el Confort Hotel Grand Central, ya que al estar dentro de la propia estación resulta muy práctico. En dos minutos te plantas en el andén del tren que va al aeropuerto. Las habitaciones son pequeñas, pero teniendo en cuenta que solo vamos a estar allí para dormir no importa demasiado .


La mejor opción para llegar al centro de Oslo desde el aeropuerto es utilizar el tren exprés, que nos deja en la estación central en 20 minutos. El billete cuesta 180 coronas (20 euros) y ni tan siquiera necesitamos llevarlo impreso en papel, con deslizar la tarjeta de crédito en la puerta de acceso y marcar el destino es suficente.


Oslo es una moderna y atractiva ciudad de unos 700.000 habitantes que está rodeada de naturaleza, ya que está enclavada al fondo del fiordo del mismo nombre y a pocos kilómetros de la montaña. De hecho, albergó los Juegos Olímpicos de Invierno en 1952 y la sede de salto de ski en Holmenkollen es uno de los lugares más populares de la ciudad para los amantes de los deportes de invierno.

CENTRO DE OSLO

Una dato curioso sobre Oslo es que no siempre fue conocida por ese nombre ya que durante tres siglos respondió al nombre de Christiania, denominación que quizá el imaginario colectivo asocie a la Christiania fundada por un grupo de hippies en los setenta en Copenhague.

¿Por qué ese cambio? Porque en aquel entonces Noruega formaba parte del Reino de Dinamarca y el rey danés Christian IV fue el que se encargó de la reconstrucción de la ciudad tras la devastación que causó un terrible incendio en 1624. Así, la renombró Christiania en su honor, un nombre que perduraría hasta 1925 cuando la ciudad volvió a llamarse Oslo.

calle-karl-johans
CALLE DE KARL JOHAN

La mejor introducción a Oslo es la calle de Karl Johan, una vía peatonal que une la Estación Central con el Palacio Real y que tiene a lo largo de su recorrido numerosos puntos de interés. Así que, sin más dilación, vamos a caminar por esta animada calle peatonal de vistosa arquitectura.

La primera parada la podemos hacer en la Catedral de Oslo, la Iglesia de Nuestro Salvador, construida en ladrillo en el siglo XVIII. En su interior podemos contemplar las vidrieras de Emanuel Vigeland, hermano de Gustav Vigeland, cuya obra escultórica tendremos oportunidad de admirar en el parque que lleva su nombre. La catedral tiene además un bonito órgano que conserva sus elementos de madera originales.

Continuando por Karl Johan en dirección al Palacio Real nos toparemos con varios edificios monumentales que enseñorean esta calle como son el Parlamento, la Universidad de Oslo a cuya espalda se sitúa la Galería Nacional, y el Teatro Nacional, una construcción de 1899 que preside una estatua del inmortal dramaturgo noruego Henrik Ibsen, creador de Casa de muñecas.

TEATRO NACIONAL

Finalmente, la calle de Karl Johan culmina en el Palacio Real, la residencia de los monarcas de Noruega, levantado en la primera mitad del siglo XIX y que abre sus puertas en verano con visitas guiadas. Aunque yo me limité a dar un paseo por los agradables jardines del palacio.

PALACIO REAL

Aunque si de parques y jardines se trata, el que roba la función al resto es el Parque Vigeland, principal zona verde del centro de Oslo pero también un verdadero museo de escultura al aire libre ya que reúne más de dos centenares de obras realizadas en bronce, hierro y granito.

Aunque hay más esculturas diseminadas por el parque, la obras se agrupan principalmente en tres grandes grupos: el Puente, la Fuente y el Monolito. Lo mejor es empezar la visita desde la puerta principal así iremos avanzando hasta culminar en el Monolito, una de las obras más espectaculares de Vigeland, compuesta por 121 figuras talladas en un único bloque de granito.

El Monolito y las obras que lo circundan constituyen un paraíso para el aficionado a la fotografía así que llegados a este punto me dejé atrapar por la expresividad y dramatismo de las graníticas figuras y apreté sin rubor el disparador de mi cámara.

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El otro grupo escultórico monumental del parque Vigeland es La fuente, una serie de obras en bronce que hacen referencia al ciclo de la vida.

LA FUENTE, PARQUE VIGELAND

Por otra parte, en el puente podemos contemplar 58 figuras humanas en bronce que representan tanto adultos como niños y muestran las relaciones que se establecen entre ellos.

Aquí se encuentra una escultura que es especialmente popular entre los visitantes por su desparpajo: el niño enfadado. Un niño pequeño congelado en plena pataleta. Es precisamente la popularidad de esta figura la responsable de que tenga la mano brillante porque la gente que visita el parque suele tomarse una foto agarrando su mano lo que provoca el desgaste de la escultura.

EL NIÑO ENFADADO, PARQUE VIGELAND

Otro de las visitas inexcusables de Oslo, y gratuita además, es el ayuntamiento, donde cada 10 de diciembre tiene lugar la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz. El edificio de ladrillo rojo se inauguró en 1950 y el aspecto exterior quizá no nos resulte especialmente atractivo más allá de los relieves en madera con motivos de la mitología vikinga que podemos ver en el atrio de la entrada.

AYUNTAMIENTO

Pero una vez que ponemos el pie en su interior nuestra percepción cambia por completo. De hecho, el hall principal resulta abrumador con sus grandes murales con motivos de la historia y la cultura noruega. También el resto de salas, que podemos ir recorriendo libremente, están ricamente decoradas con coloridos murales.

AYUNTAMIENTO

Península de Bygdoy

Para llegar a la Península de Bygdoy lo mejor es tomar el ferry que sale del muelle del ayuntamiento. Así, lo ideal es visitar temprano el ayuntamiento para dedicar el resto del día a recorrer los museos de Bygdoy.


El Oslo Pass para 48 horas cuesta 595 coronas (67 euros) y proporciona entrada gratuita para muchos museos, entre ellos el Museo Kon-Tiki, el Museo Fram, el Museo del Barco Vikingo y el Museo Folklórico Noruego, además de transporte público gratuito en el centro de Oslo, incluido el ferry a Bygdoy.


El Museo Kon-Tiki gira alrededor de la trayectoria vital del explorador Thor Heyerdahl, cuyo nombre no podía ser más apropiado para las grandes gestas que acometió a lo largo de su vida. Es un museo de visita obligada para todos los amantes de los viajes y por eso estaba alto en mi lista de prioridades. Resulta fascinante adentrarse en la vida de Heyerdahl a través de fotografía y objetos de sus diferentes expediciones pero por encima de todo ello están las embarcaciones que fabricó y con las cuales se lanzó a la aventura.

MUSEO KON-TIKI

La más importante es la que da nombre al museo, la balsa Kon-Tiki, a bordo de la cual navegó 8.000 kilómetros en 1947 desde Perú hasta el archipiélago Tuamotu en la Polinesia Francesa. La gesta le llevó a él y a otros cinco valientes más de tres meses, concretamente 101 días, durante los que vivieron todo tipo de aventuras en las aguas del Océano Pacífico. Con esta expedición demostró la posibilidad técnica de que los colonizadores de la Polinesia hubieran tenido su origen en Sudamérica.

Sobre esta gesta existe una película, Kon-Tiki, que obtuvo el Oscar al mejor documental en el año 1952. Esta embarcación es de hecho la estrella del museo junto a otra embarcación hecha de papiro la Ra II.

En el Museo Fram podemos constatar nuevamente el espíritu aventurero que se cultiva en estas latitudes. Aquí tendremos la oportunidad de conocer la historia de los grandes exploradores polares de Noruega.

MUSEO FRAM

Aquí la nave polar Fram se adueña del espacio y apabulla al visitante desde el primer momento. Adentrarnos en su historia es regresar a un tiempo en el que el ser humano no había conquistado todavía los polos. Es ahí precisamente donde se encuentra el germen de este barco porque fue para alcanzar el polo norte que el explorador noruego Fridtjof Nansen mandó construir el Fram, a bordo del cual protagonizó una expedición frustrada que ocupó tres años de 1893 a 1896.

Habrían de transcurrir quince años para que el también explorador noruego Roald Amundsen aupara el barco a los anales de la historia ya que lo utilizó en la expedición que le llevaría a alcanzar el polo sur por primera vez en la historia un 14 de diciembre de 1911, en un carrera con el británico Scott, quien intentó la gesta usando otra ruta y cuando alcanzó el polo sur cinco semanas después quedó completamente desolado, como presagiando el trágico final que aguardaba a los cinco hombres que integraban su grupo. Pero eso es otra historia.

MUSEO FRAM

Este museo es una maravilla para todos los amantes de los viajes y expediciones y podríamos pasar aquí un día entero entre los objetos de las expediciones, fotografías y hasta una cámara de frío.

Pero sin ningún género de duda, lo mejor de todo es poder abordar el barco polar Fram y caminar por su cubierta y sus diferentes estancias en una suerte de homenaje para estos intrépidos hombres que siempre encontraban un nuevo reto para seguir avanzando.

MUSEO FRAM

En otra sala se encuentra el Gjoa, el primer barco que navegó en su totalidad el paso del noroeste, también bajo el mando de Roald Amundsen, en una expedición que le llevó desde Oslo hasta San Francisco surcando las gélidas aguas del Océano Ártico.

MUSEO FRAM

El tercer museo de Bygdoy que visité fue el Museo de los Barcos Vikingos, donde podemos contemplar dos embarcaciones con más de 1.100 años de antiguedad en excelente estado de conservación -el Oseberg y el Gokstad- que fueron encontradas en grandes enterramientos reales en el sur de Noruega, y una tercera, el Tune, que ha resistido peor el paso del tiempo.

El primer barco vikingo que captura nuestra atención nada más atravesar la puerta de entrada es el Oseberg, construido en el siglo IX para una tripulación de 35 hombres. En el casco podemos observar unos bellos relieves de dragones tallados en la madera.

EL OSEBERG EN EL MUSEO DEL BARCO VIKINGO

A bordo de barcos como estos que asemejaban dragones cuando eran divisados desde la costa los vikingos hicieron estragos en las costas europeas. Así, sus ataques asolaron y causaron el terror en el litoral de Inglaterra, Escocia, Irlanda y Francia. Pero también navegaron hasta la Península Ibérica donde incluso llegaron a tomar la ciudad de Sevilla en el año 844, para posteriormente ser derrotados por el ejército árabe.

Para poder admirar los barcos vikingos en toda su integridad el museo ha dispuesto una suerte de púlpitos en las esquinas de cada sala para facilitar la visita.

Por último, le tocó el turno al Museo Folklórico Noruego, que en realidad es un gran parque donde se disponen al aire libre 155 construcciones representativas de las distintas regiones del país. Entre todas ellas merece la pena destacar la iglesia de madera de Gol que se desmontó en 1884 para ser montada un año después en los terrenos del museo.

MUSEO FOLKLÓRICO NORUEGO

La visita a esta museo es muy gratificante y se disfruta sobre todo en los días soleados cuando podemos caminar tranquilamente por sus senderos viendo las distintas construcciones y curioseando en aquellas que nos llamen la atención.

Desde aquí, para regresar al centro de Oslo lo mejor es tomar el autobús que para delante del museo. Aunque un fin de semana de verano soleado como me tocó a mí, es una ardea tarea porque los autobuses van llenos con la gente que se ha acercado a disfrutar de las playas de esta península. Sí, Oslo tiene playa y muy popular los días festivos a juzgar por la actividad que había.

MUSEO FOLKLÓRICO NORUEGO

Finalmente, no nos podemos ir de Oslo sin visitar uno de los iconos contemporáneos de la capital de Noruega, la Ópera. Diseñada por un estudio de arquitectura noruego se inauguró en 2008 y su forma asemeja un gran iceberg a lo que contribuye su ubicación al borde del fiordo. Se puede caminar libremente por su techo para disfrutar de las magníficas vistas de la ciudad.

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