Groenlandia, la tierra verde

Viajar a Groenlandia en verano es verse sorprendido por un paisaje de un verde esplendoroso. Así que, aunque más del ochenta por ciento de la isla se halla cubierto de hielo, resulta muy acertado el nombre que le otorgó su descubridor, Erik Thorvaldsson, más conocido como Erik el Rojo, cuando arribó a la costa sur en el año 982, Groenlandia, es decir, la tierra verde.

Geográficamente Groenlandia pertenece al continente americano pero políticamente su lugar está en Europa pues es una región autónoma de Dinamarca, que asume las competencias en política exterior y defensa, además de entregar todos los años una importante subvención que sitúa la renta per cápita de Groenlandia entre las más altas de Europa.

De sus aproximadamente 60.000 habitantes, cerca del 90% es de origen inuit y la mayoría de ciudades se distribuyen a lo largo de la costa suroeste de la isla. Fue precisamente el sur de Groenlandia la región que tuve la oportunidad de visitar con un viaje organizado por Tierras Polares, el tercer verano que viajé con ellos tras visitar Islandia en 2014 y viajar a los fiordos noruegos el siguiente año.

Groenlandia es un destino especialmente recomendado para los amantes de la naturaleza y también tiene su dosis de aventura ya que la mayoría de los desplazamientos se tienen que hacer en lancha o en helicóptero porque no existen carreteras entre las ciudades.

Los más urbanitas se tendrán que consolar con visitar la ciudad más grande del sur de la isla, Qaqortoq, que tiene una población estimada de 3.200 habitantes. Fundada en 1775, tiene la particularidad de ser la única ciudad de Groenlandia que tiene una fuente en la plaza principal. También se recorre Narsaq, la ciudad más joven de Groenlandia, ya que se fundó en 1959 y hoy en día cuenta con unos 1.600 habitantes.

Los amantes de la historia van a encontrar alicientes en Qassiarsuk, el asentamiento original de Erik el Rojo, quien le dió el nombre de Brattahlid. Aquí se levantó la primera iglesia cristina del continente norteamericano y se pueden ver restos de la misma así como una reconstrucción. La estatua de Leif Ericsson, el hijo de Erik el Rojo, es la encargada de salvaguardar este glorioso pasado desde su posición privilegiada en lo alto de la colina.

También vamos a encontrar huellas del pasado vikingo en la idílica localidad de Igaliku, de tan solo 27 habitantes. Con su ubicación privilegiada al fondo de un fiordo, es un lugar en el podría haberme quedado todo el viaje por el maravilloso entorno que lo enmarca. Fue la antigua Gardar de los vikingos pero tras su abandono -hacia el año 1500 los hombres del norte (vikingos) desaparecieron y todavía no se ha hallado una explicación concluyente- fue refundada por el comerciante noruego Anders Olsen y su mujer groenlandesa Tuperna.

Estas son algunas de las imágenes que me dejó este viaje.

 

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