Kioto, la capital cultural de Japón

Kioto fue la primera parada de mi viaje por Japón, un país donde resulta muy sencillo viajar por libre ya que ni tan siquiera el idioma supone un problema porque vamos a encontrar letreros y avisos en inglés en estaciones y trenes, así como menús en inglés en la gran mayoría de restaurantes. A todo ello se une la puntualidad de los trenes y la eficiencia de todos los que trabajan de cara al público.

Lo primero que haremos tras aterrizar en Japón será canjear las órdenes de compra por el Japan Rail Pass. En mi caso, lo hice en el Aeropuerto de Narita y allí tomé el Narita Express hasta Shinagawa donde abordé el Shinkansen a Kioto. Es la mejor opción ya que así evitamos la mayor afluencia de gente a la Estación de Tokio, pero no es necesario sugerir esta ruta porque directamente en la oficina de Japan Rail nos seleccionan esta estación para tomar el tren bala si nuestro destino es Kioto.

KIOTO

Para alojarme elegí el área de la Estación de Kioto, donde existen multitud de hoteles. Es lo más práctico para no tener que hacer otro desplazamiento con el equipaje al llegar o dejar la ciudad. Además, junto a la estación de trenes se encuentra la de autobuses, los cuales utilizaremos con frecuencia durante nuestra estancia.


Para desplazarnos por Kioto lo mejor es utilizar la red de autobuses urbanos que nos llevarán a la mayoría de sitios de interés. El billete sencillo cuesta 230 yenes (1,9 euros) pero lo mejor es adquirir por 500 yenes (4,2 euros) un pase para un día que casi seguro vamos a amortizar.


Viajar a Kioto es sumergirse en el Japón más tradicional. Además, la ciudad atesora el mayor número de sitios recogidos por la Unesco en la Lista de Patrimonio Mundial de todo Japón, con un total de 17 lugares inscritos.

RECINTO DEL PALACIO IMPERIAL DE KIOTO

Kioto se convirtió en la capital imperial de Japón en el año 794, en aquel entonces con el nombre de Heian, cuando se trasladó desde Nara, la antigua Heijo. Durante más de 1.000 años ostentó la capitalidad de Japón hasta que en 1868 se trasladó a Tokio.

En la actualidad, Kioto es la ciudad que mejor refleja el contraste entre tradición y modernidad del País del Sol Naciente. Lo mejor es visitarla de manera pausada, sin pretender abarcar todos y cada uno de los templos, jardines, y demás lugares de interés en un puñado de días. De hecho, los templos se cuentan por centenares.

Además, si tenemos tiempo es muy recomendable visitar el centro para tomarle el pulso a la ciudad moderna, ya que ni mucho menos es Kioto una ciudad anclada en su pasado. Así, una visita ineludible la constituye el Mercado de Nishiki, que se distribuye a lo largo de una gran galería en cuyos puestos podemos degustar diferentes comidas.

Dormí cuatro noches en Kioto. Como el primer día se me acortó bastante como consecuencia del viaje lo dediqué a pasear por la zona de la estación, una atracción turística en sí misma debido a su moderno diseño arquitectónico y a la gran cantidad de restaurantes que alberga. Cerca de la estación se encuentran dos destacables templos budistas: Higashi Hongan-ji y Nishi Hongan-ji.

También en las inmediaciones de la estación se yergue la Torre de Kioto. Desde su mirador se disfruta de una estupenda panorámica de 360 grados de la ciudad. Lo mejor es subir a última hora de la tarde para disfrutar de la caída del sol y ver como Kioto se va iluminando poco a poco.


La Torre de Kioto, con sus 130 metros, es la estructura más alta de la ciudad. El mirador está situado a 100 metros del suelo y podemos subir desde las 9 de la mañana hasta la 9 de la noche. El precio de la entrado es de 770 yenes (6,5 euros).


TORRE DE KIOTO
TORRE DE KIOTO

El segundo día lo dediqué a recorrer el sur del distrito de Higashiyama, que es el más turístico de todo Kioto. Empezando en Kiyomizu-dera y caminando hacia el norte hasta Shoren-in. Este día seguí un itinerario propuesto por Lonely Planet en su guía de Japón porque cubría todos los puntos de interés que quería visitar.

En esta zona uno de los templos budistas que más me gustó fue el de Kiyomizu-dera, que también resulta ser de los más concurridos de Kioto. La calle que da acceso al templo, Chawan-zaka, está poblada por multitud de tiendas de recuerdos y dulces. Aquí fue donde me familiaricé con los mochi, los pastelitos de arroz que iban a ser una constante durante todo el viaje, aunque debo admitir que la pasta de judía pinta que servía de relleno tenía un gusto peculiar.

CHAWAN-ZAKA

Kiyomizu-dera se fundó a finales del siglo VIII pero se reconstruyó en la primera mitad del siglo XVII. La arquitectura tradicional en madera resiste mal el paso del tiempo y son pocas las construcciones originales que han sobrevivido intactas.

Lo más llamativo es el color rojo intenso de sus pagodas y de otras construcciones. Es especialmente reseñable el edificio principal, con su terraza apoyada en enormes pilotes de madera, la cual estaba siendo sometida a trabajos de restauración.

KIYOMIZU-DERA

Este popular templo es una buena introducción a la particular idiosincrasia budista, con su peculiar manera de invocar a la buena suerte o de ahuyentar a la mala pagando 1.000 yenes o 500 yenes por poner un ejemplo.

La cantidad de gente que hay lo convierte en una suerte de parque temático como lo demuestra la larga fila que hay que hacer para beber agua sagrada para, supuestamente, tener salud y longevidad, o las personas que recorren con los ojos cerrados, muchas con ayuda, la distancia entre dos piedras para tener buena suerte en el amor. Por todo ello es un lugar sumamente entretenido para el profano.

Al salir de Kiyomizu-dera nos vamos a encontrar con las escaleras que nos llevan a Sannen-zaka, que tiene su continuación en Ninen-zaka, una de las calles más pintorescas de Kioto salpicada de tiendas de recuerdos y dulces.

Al ser Kioto el más importante repositorio de la cultura y tradición japonesas, no es inusual ver grupos de amigas o parejas visitando los lugares más importantes de la ciudad ataviados con el tradicional kimono.

HIGASHIYAMA

Otros dos destacables ejemplos de arquitectura budista y jardines son los templos de Kodai-ji y de Chion-ji.

Del segundo nos impresionará sin duda alguna la puerta, que es la mayor puerta de acceso a un templo de todo Japón. Aunque no pude comprobar si el edificio principal estaba a la altura de la masiva escala de la puerta porque estaba oculto dentro de una gran nave debido a los trabajos de mantenimiento que estaban realizándose.

CHION-IN
Chion-in-(8)
CHION-IN

Otro de los lugares imprescindibles de Kioto es Gion, el barrio de las geishas, que hay que caminar tanto de día como de noche, que es cuando las calles, iluminadas con la luz de los faroles, adquieren más encanto.

Cruzando el puente sobre el río Kamo llegamos a Ponto-Cho, una de las calles más encantadoras de Kioto, que está plagada de restaurantes.

PONTO-CHO

Mi tercer día en Kioto lo dediqué a explorar la zona norte de Higashiyama, empezando en Nanzen-ji para concluir en Ginkaku-ji.

EIKAN-DO

En Nanzen-ji vamos a tener la oportunidad de subir hasta el segundo piso de la enorme puerta de entrada desde donde tenemos una buena panorámica de los numerosos edificios que componen el complejo del templo.

Además, aquí se encuentra el antiguo acueducto que abastecía de agua a la ciudad. A pocos metros del templo budista de Eikan-do comienza el Paseo de la Filosofía, un agradable recorrido que discurre paralelo al canal y que nos llevará hasta Ginkaku-ji.

PASEO DE LA FILOSOFÍA

Ginkaku-ji es otro de los templos destacados de Kioto. Tiene un impresionante jardín y el afamado Pabellón de Plata, que al contrario de lo que su propio nombre indica no está recubierto de plata como se puede observar en la foto inferior.

GINKAKU-JI

Aunque esa fue la intención inicial del shogun Ashikaga Yoshimasa, que lo construyó como lugar de retiro a finales del siglo XV. Posteriormente, tras su muerte, la construcción pasó a servir como templo.

Desde Higashiyama podemos tomar un autobús para pasear por el Parque del Palacio Imperial para después dirigirnos hacia el castillo de Nijo-jo.

PARQUE DEL PALACIO IMPERIAL

A mediados de marzo todavía no había entrado la primavera lo cual convertía en un hecho excepcional cada árbol en flor. Contemplar la floración de los cerezos es una tradición en Japón conocida como Hanami, durante la cual millones de japoneses y turistas abarrotan los parques para disfrutar del espectáculo.

NIJO-JO

Para mi último día en Kioto me reservé tres de los lugares más icónicos de la ciudad y probablemente de todo Japón, como son Fushimi-Inari Taisha, santuario sintoísta famoso por las incontables puertas de color rojo que siembran la montaña; el Bosque de Bambú de Arashiyama; y Kinkaku-ji, famoso por su Pabellón Dorado.

Fushimi-Inari Taisha está al sur de Kioto y podemos llegar en tren utilizando el JR Pass. Tenemos que tomar la línea hacia Nara pero debemos cerciorarnos de que se trata de un tren local porque en mi caso, cuál fue mi sorpresa cuando vi que el tren llegaba a la estación de Inari y no hizo parada. No obstante, reconozco que los paneles de llegadas de trenes en los andenes son claros.

FUSHIMI-INARI TAISHA

Al ser uno de los lugares más fotografiados de todo Japón aquí vamos a tener que lidiar constantemente con esos palos de selfie que se cuelan en nuestro encuadre pero cuanto más ascendamos en la montaña menor será la afluencia de gente.

Además de los torii de color bermellón, los zorros de piedra se van a hacer omnipresentes a lo largo de todo el recorrido, ya que el zorro era considerado como el mensajero del dios Inari.

Kinkaku-ji-(5)
KINKAKU-JI

El templo budista de Kinkaku-ji es otro lugar que nos deslumbrará. Contemplar el Pabellón Dorado y su reflejo en las tranquilas aguas del estanque que lo rodea es un auténtico espectáculo. Además, si el sol acompaña la escena la imagen que nos llevamos será imborrable.

KINKAKU-JI

Al igual que Ginkaku-ji, también en este caso el edificio fue construido como villa de veraneo de un shogun, Ashikawa Yoshimitsu, a finales del siglo XIV, siendo su hijo quien lo convirtió en un templo. El edificio que vemos hoy día es una minuciosa reconstrucción pues el original fue consumido por las llamas tras ser incendiado de manera intencionada por uno de los monjes.

Por último, a los pies de las montañas que cercan Kioto por el occidente se halla el magnético Bosque de Bambú de Arashiyama. También aquí podemos llegar en tren haciendo uso del JR Pass. Desde la estación no es necesario que saquemos el mapa para orientarnos, para no perdernos tan solo tenemos que unirnos a la procesión de turistas.

Después de bregar con la multitud rodeados de bambú, la visita al jardín de Okochi Sanso fue un respiro necesario. La entrada no es barata, a pesar de que los 1.000 yenes (8,5 euros) que cuesta incluyan también una taza de té y un dulce que podemos disfrutar al concluir nuestra visita, pero la tranquilidad del lugar lo hace muy recomendable.

OKOCHI SANSO

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